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VERSOS QUE VUELVEN... Volverán aquellos versos, que en el tiempo se esfumaron. Como funden en el agua, el azúcar y la sal. Aquellos versos sinceros, que en el tiempo se eclipsaron. Cómo se pierden las aguas, al correr por el canal. Versos que vuelven... Como recién evocados. Entre recuerdos borrados, de la huidiza memoria. Versos, presentes, ahora. Patentes, como las horas, que en el tiempo permanecen. Los versos que prevalecen, aunque el tiempo los devora. En el corazón quedaron, entre recuerdos moldeados. Aquellos que subyugaron, entre sueños enterrados. Fueron sinceros y auténticos, tal como besos plasmados, en labios, sin sortilegios. Versos, que a fuer de ser mágicos, en el alma se quedaron. Hay versos que no caducan. Viven en la vida inmersos. Aferrados como bridas, en la sangre y en los huesos. Versos, que no mueren nunca, pues de amores están hechos. Versos que nunca se olvidan. Al terror sobrevivieron. Versos que vuelven... Tal como escritos de nuevo. Frescos, cálidos y fuerte...
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  LO QUE SE FUE... Se quedó la primavera, colgadita del alero. Barro vacío de nido. Nido sin vida ni llanto. Vidas nuevas que crecieron. Para de nuevo intentarlo. Estelas de rasos vuelos, que quedan en el pasado. Voces que mudas se quedan, para emprender otros vuelos. Y observar otros tejados. Se fue yendo despacito. Con la mochila en el hombro. Y el peso de sus pesares, descansan sobre sus hombros. Plata de Luna le observa. El peso de cada paso. Y en cada gesto delata. La fuerza de su legado. Al viento reta el halcón. Que le atraviesa sin miedo. Surca orgulloso los cielos. Sin apartar su atención, a lo que ocurre debajo. Y apoyándose en el aire, que antes le despreciaba. Le convierte en su aliado. Y el reto queda anulado, porque la vida es sagrada. Así se ocupa el jilguero, de deleitar los oídos. Y el ruiseñor le acompaña, sellando su compromiso. Y su bello colorido. Embellece las ausencias. Dando belleza al sentido. Libre ya de telarañas. La vida quedó diáfana. Preñada de mil col...
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  SIEMPRE... Se van quedando entre luces. Siempre presentes, sin pausa. Los sutiles pensamientos, que se aferran cual parásito, a la carne y a los huesos. No es muy claro su propósito. Se derraman como aludes, sobre la vida, sin ecos. Siempre vuelven... Como tercos aguaceros, vertiéndose sobre ellos. Sobre quienes piensan siempre, Con la verdad y el acuerdo. Retornan cuales ideas, forjadas a fuego lento. Entre los claros fugaces, de las vidas más audaces. Siempre viva la nostalgia. Que como las alas mágicas, de primitivos recuerdos. Se acercan, pero sin miedo, a los días y a las noches. cuando es más tibio el cerebro. Son los ecos de otros tiempos, que se aferran a la mente, como orates, que te hienden. Siempre... Con el corazón en vilo. Soportando el estribillo, de la vida que se agota. Revirtiendo, gota a gota, innumerables sucesos. Que sobre efímeros lienzos, se pixelan con el tiempo. Amor, que vive sin miedo, en la sangre, sin remedio. Siempre presentes... como los tercos recue...
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  ENTRE DOS MITADES. La fruta jugosa, que el árbol te entrega. La mano tendida, que el noble te estrecha. La palabra sabia, que el sabio te deja. El sabio consejo, que los años tejan. La verdad desnuda, que creer quisiera. La mirada franca, del que te respeta. La expresión abierta, que sincera ofrece. Lo que dentro lleva. Y se va tejiendo, entre dos ideas. La verdad que siempre, a medias se muestra. Porque nadie quiere, mostrar su jugada. Porque el que la tiene, no la manifiesta. Y así va pasando, de oreja en oreja. De escrito en escrito. Y en en algunos foros, que después se muestra. Cambiando su forma. Con otra etiqueta. Y en cada palabra, que después se cuenta. Se va modulando, parte de su esencia. La verdad termina, siendo una quimera. Transformada en arma. Convertida en lanza, que al hombre atraviesa. Y de parte a parte, rompe su grandeza. Se han quedado solos, entre la maleza. Perdidos, sin rumbo. Buscando la fuerza, que así les mantenga. Negra pesadilla, que sin querer llega...
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  CORAZONES AUDACES Baila el corazón al ritmo, de la frenética vida. A viva voz, canta y habla. Lleva en la sangre la guerra, de innumerables batallas. A veces, gana la audacia. Otras, la prudencia alcanza. El corazón canta el himno, que la vida le demanda. Con el corazón henchido, de promesas y quehaceres. Vaga el ser entre las nieblas, del camino que le espera. Es tan espesa la senda, que se pierden los sentidos, sin saber lo que se espera. Las noches y amaneceres, llegan sin voz a quien piensa. Sin pensar, el corazón. Movido por los impulsos, que le aferran y arrebatan. La audacia vive en su mundo, cuando de amores se trata, La pasión le sobrepasa, como el rayo, que atraviesa, el estruendo que acompaña. Audaz es el sentimiento, que en el corazón se guarda. Corazones audaces, que gritan como posesos. Ante la mugre que envuelve, la vida y su incertidumbre. Entre entrelazados mimbres, se desliza sin cuidado. Como áspid entre las brisas, de los resquicios más íntimos. Audaces, sigue...
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  IMBORRABLE... Se quedan grabados. como aquel sendero. Pisado por múltiples, seres, que por él pasaron. Entre nebulosas, ocultos se quedan. Tal como si nunca, jamás existieran. Más surgen de nuevo. Como si nacieran, de repente, útiles. En los surcos de la piel. Sobre el rostro cincelado. Quedan secuelas y rastros. de un camino recorrido. Señales, que son también, antecesores sin ruido. Que se quedan escondidos, entre los pliegues del tiempo. Emboscados, fugitivos. Grabadas, quedaron siempre. Sembradas como simientes, en la faz y en el recuerdo. Plasmadas, como regueros, de esencias que permanecen. Como ascuas de unos fuegos, que prendieron en las almas. Moldeadas en el barro, del que se crean las vidas. Marcas nítidas, indelebles. Entre la luna y el sol, quedaron los corazones. Unidos como blasones. Presos en la eternidad. Jalones en los senderos. Como fieles prisioneros, de una cárcel sin igual. Compuesto, tal la canción, que queda en el pensamiento. Como inolvidable amor. Imborr...
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  LIBERTAD... Lo vi salir. Del fondo del abismo. Donde lo más oscuro, se encuentra agazapado. En la negrura espesa, de las tétricas sombras. Donde fétidas formas, se deslizan sinuosas. Donde nace el terror, de las mentes enfermas. Allí quedó. En nauseabundo charco. Convertido en despojo, de malditos recuerdos. Jadeantes sus fauces. Babeantes y espesas. De sus labios de piedra. Monstruo de mil cabezas. De infinitos tentáculos. Parasitando el mundo. Ocupando cabezas. Conquistando conciencias. En todos los rincones, arcanos, de la tierra. Todos los receptáculos, donde sus brazos llegan. Sometiendo a la gentes, con profundas carencias. Libre queda, quien libre, escapa a su influencia. El que libre camina, sin pesadas cadenas. Quien su mente proyecta. Quien ensancha horizontes, sin cerrojos ni puertas. Aquel, que abre los brazos, y la verdad acepta. Como una marioneta, el hombre se doblega. Y al rendirse al que oprime, su dignidad desprecia. Su libertad amputa. Y entrega su albedrío, si...